Kollas


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Dueños de la Puna, Pueblo de Sol.


Se ha generalizado con el nombre de Kolla o Collas a los Puneños y sus descendientes, algunos Quebradeños y toda otrapoblación de origen Quechua-aymará. Serían el grupo más numeroso del país, alcanzando la cifra de unos 98.000. Las estimaciones de CADAL hablan de unos de 175.000 indígenas.


¿DÓNDE?


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Se distribuyen en las áridas provincias de Jujuy y Salta. No tienen tierra propia. Algunos ocupan tierras fiscales sin títulos o como arrendatarios y cuidadores de ganado ajeno. Otros viven en las villas periféricas de las ciudades.


¿CÓMO VIVEN?

Algunos viven en comunidades y practican trabajos de cooperación como la minga -entre todos cosechan la de cada uno-. Muchos pobladores apenas sobreviven con el pastoreo, son pequeños agricultores y criadores de animales. Cosecheros golondrinas y mineros marginados. La mujer se emplea en servicios domésticos en la ciudad. Realizan tejidos en telar; y que son vendidos al turismo.

QUÉ HACEN?

A pesar de la aculturación sufrida debido a la acción colonizadora, aún practican rituales a la Pachamama, formas de cooperación, el coqueo (mastican hojas de coca), cantos y música con instrumentos tradicionales y algunos hablan su lengua (quechua o aymará).
Muchos rituales se han desvirtuado para satisfacer curiosidades turísticas.
La vestimenta de algunas quebradeñas muestra la mezcla de culturas diferentes.


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RITOS:
Los quebradeños conservan sus tradiciones populares, ritos y costumbres de sus antepasados aborígenes, mezclándolos.
Aquí y allá pueden verse las apachetas, altarcitos de piedra en los que los caminantes se detenían a orar a la Pachamama y dejarle su ofrenda.

La ceremonia de la flechada se realiza para alejar el mal de las viviendas recién inauguradas.

La señalada, de cabras y ovejas, a las que cortan las orejas con diseños que sirvan para identificarlas y la marcada a fuego de vacas y caballos. Buscan los favores de la Pachamama para que el multiplico, la reproducción de las majadas, o sea bueno y abundante durante todo el año. Hacia el tiempo de la siembra se lleva a cabo la minga, en la que cada comensal entierra una ofrenda de comida antes de esparcir las semillas. La enfloración es otro rito: Las flores son pompones de lana de vivos colores en la ropa y sombreros de los invitados y en las orejas de los animales. Se convida con asado, queso, chicha, coca, vino y cigarrillos. Se baila hasta que las velas no ardan. Se hacen copleadas con versos amorosos y picarescos.








PARTICULARIDADES:

Hablan su lengua, que, después del guaraní, es la segunda lengua indígena de mayor uso en el país.

FIESTAS:

1 de agosto -- día para ofrendar a la Pacha Mama, Madre Tierra.

23 de junio -- día de la Inti Raymi o la Fiesta del Sol.

1 y 2 de noviembre -- fiesta de las almas, se espera a las almas para celebrar.

23 de diciembre -- día de la Kapaj Inti Raymi o la Gran Fiesta del Sol, se acostumbra a celebrarlo durante todo el verano.

Noviembre -- en todo noviembre en el mundo kolla se celebra la Minka o Minga, que consiste en cultivar la tierra en forma comunitaria

No suelen celebrar las fechas patrias, ni Navidad o Reyes, rara vez su cumpleaños. El día de las Almas es el de los Fieles Difuntos de la Iglesia Católica; cada pueblo tiene su patrono y su jolgorio. Es en carnaval y Semana Santa cuando la síntesis de las culturas indígenas y europea adquiere su máxima expresión.


¿CÓMO ES EL CARNAVAL?


Tantanakuy: Cada febrero, desde hace 21 años, músicos de los cerros y profesionales se juntan en Humahuaca, para que lugareños y viajeros vivan noches de coplas, chicha y tamales. El único requisito para participar es tener ganas de compartir y de encontrarse con la Madre Tierra.


Días después del Tantanakuy, se desentierra a Pucllay, demonio carnavalesco, de la tumba que lo alberga desde el año anterior.

Es la señal para que todo el mundo, oculto bajo coloridos disfraces, enharinados de pies a cabeza, comience a bailar y a recorrer los poblados en busca de diversión y amores.


Desde la mañana lo pasean montado en un burro por todo el pueblo (Casabindo) seguido de cantores y comparsas que le arrojan almidón y albahaca. Por la tarde lo llevan al cerro y lo recuestan en una fosa. Antes de enterrarlo lo lloran, le cantan al compás de las cajas y le ofrecen comida y chicha para que pueda resucitar vigoroso. Terminando el rito, se terminó la licencia para pecar y la vida vuelve a su ritmo normal esperando que dentro de un año la llegada del Pucllay traiga la alegría otra vez.Todos bailan en la plazoleta, en las callejas y en los canchones (patios). Después de tres días de jolgorio, hay que enterrar al diablito que alguien ha confeccionado con trapos. Pucllay, el espíritu del carnaval, es un viejo bonachón, de cabeza encanecida.


INSTRUMENTOS MUSICALES:




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Llegran sus festividades y sus días al son de la Quena, anata, sikus, erkes. La caja, el erkencho y las turumas (instrumento parecido a la quena), bombo, charango y guitarra.

BAILES:

Zambas, taquiraris, bailecitos, cuecas, chacareras, gatos. Mientras en un patio se cantan coplas al son de la caja y se salta con los erkenchos, en otro se agitan pañuelos en zambas y bailecitos con bombo, charango, quena y guitarra.

La fiesta recomienza en Semana Santa. Tilcara espera anhelante, la procesión que trae a la Virgen desde su santuario de la montaña. La imagen acompañada por una multitud de campesinos, es saludada por campanas, bombas de estruendo erkes y sicuris.


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En nuestro pueblos andinos, el de la Pachamama es el culto principal, de la misma jerarquía que el que se rinde a Dios y a la Virgen de los cristianos..

En los senderos del altiplano, allí donde sólo pueden vivir los kollas, las cabras y las vicuñas, es frecuente hallar apachetas, pircas o montículos de piedra consagrados a la Pachamama. Se la considera hacedoras de todas las buenas cosechas que se pueden obtener.

Nuestros kollas del antiplano jujeño celebran cada 1º de Agosto la corpachada o Fiesta de la Pachamama. Esa fiesta es más importante que cualquier otra del calendario religioso.

Eulogio Friyes, un abogado Kolla, comenta que la sociedad con la que sueña su pueblo es aquella donde el respeto por sus derechos, la no discriminación, y la mayor participación se desarrolle junto a las variadas culturas que conviven en Argentina, que sería en definitiva un mutuo enriquecimiento.

Nos explica que las culturas autóctonas crecieron con la naturaleza y no contra de ella. La sociedad global puede aprovecharlas para reencauzar su desastrosa relación con el ambiente, para recuperar la armonía con el hermano árbol. "El hombre es tierra que anda", dice un proverbio kolla.


ACTUALIDAD: LA EXPERIENCIA COMUNITARIA DE LA ASOCIACION TINKUNAKU

La lucha de los kollas por conservar sus tradiciones
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Representantes de la Asociación Tincunaku


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Los kollas del noroeste salteño tienen una radio que transmite sólo en quechua. Y una chacra comunitaria donde trabajan por igual mujeres y hombres. Pero muchos de esos hombres deben emigrar en busca de trabajo

"En Los Naranjos me advirtieron: ''No vayas a El Angosto porque te va a llevar el ucu. A un chango ya lo ha correteao''. Dicen que desde que estuvieron haciendo explosiones por el gasoducto, el ucu se ha venido para acá", explica Abel Palacios, dirigente de Tinkunaku. La variante de la leyenda del ucumar —un mono enorme que acecha en la selva de Yungas (ver página 48) — simboliza la situación actual de los cuatro poblados kollas del noroeste de Salta: tradiciones centenarias de las que se sienten orgullosos, acorraladas ahora por la sangría del gasoducto Nor Andino.

Una cosa son las bombas de estruendo para ahuyentar a la michila —como llaman al yaguareté—, y otra las motosierras que avanzaron sobre San Andrés y sobre Varela, "donde están enterrados los abuelos con sus pertenencias", señala Palacios.

Hasta hace dos años, eran pocos los conductores intrépidos que se largaban desde Orán, la ciudad más cercana, a riesgo de tener que pegar la vuelta ante el pedregal desmoronado por la lluvia sobre un arroyo. Aún hoy, por el laberinto de picadas que surcan el bosque y trepan por los cerros llegan gaseosas y golosinas, pero poca ropa: los kollas, sobre todo las mujeres, siguen prefiriendo las prendas hiladas o tejidas con la lana de sus propias ovejas. Medias y pulóveres espesos, pantalones de barracán, espaciosas polleras subrayadas con vivos de colores.

El cuidado de la majada y del puñado de vacas —que se repartirá como dote entre los hijos— marca geográficamente el compás de sus estaciones: la veranada, cuando el pasto crece en las laderas de los cerros, adonde se mudan los brazos útiles de la familia; y la invernada, cuando la nieve obliga a llevar a los animales "abajo", a sitios más protegidos. Por eso, el nombre completo es El Angosto de Paraní, o sea, el lugar de invernada y el de veranada.

"Abajo" es también el lugar del poblado y, por lo tanto, del centro comunitario, donde entre todos barajan decisiones y proyectos. De la escuela, el almacén, la carnicería casi innecesaria. De la planta que potabiliza precariamente el agua que baja de la montaña. Del puesto sanitario sin heladera para las vacunas y el suero antiofídico.

"Abajo" es el lugar de la vivienda más sólida, donde se instala el telar, con la lana torcida durante las escarpadas caminatas de la veranada. De las siestas con rebuznos. De los amaneceres con desprolijos corales de gallos. De las mañanas agachados sobre brotes de pimiento y zanahoria, lechuga y tomate, cebolla y perejil.

"Abajo" están también el campito de fútbol y la cancha de vóley, de pasto emparejado por las ovejas. Los patios de tierra, con gallinas afanosas bajo árboles de lima, naranja, palta y durazno cuaresmillo. Las sillas bajas, adquiridas por trueque a un vecino que se da maña. Los aleros frescos, que no alcanzan a proteger al charqui del mosquerío. Los fogones donde se secan los panes de sal para el ganado, traídos vía Humahuaca desde las Salinas Grandes.

"Antes, los kollas estábamos dispersos. Esta urbanización viene de cuando Patrón Costas dijo: Estas son mis tierras y me tienen que pagar el arriendo, y si no, los voy a hacer echar por la Policía'' —cuenta Enrique Canabiri, delegado municipal de El Angosto—. Si la tierra no es fábrica de tierra ni de agua, ¿por qué esta gente va a tener que pagar por su desarrollo?".

Fue en 1930, cuando Robustiano Patrón Costas, propietario del ingenio San Martín del Tabacal, era gobernador de Salta. Y dijo tener los títulos de la finca San Andrés, donde viven las comunidades kollas (ver La historia...). "Muchos de nuestros hermanos han emigrado, porque si tengo que vivir trabajando para afuera, ¿cómo voy a poder superarme?", plantea Canabiri.

Lo hacen en la medida de las posibilidades y de la inseguridad colectiva. Dan prueba, en El Angosto, la radio comprada y montada entre todos, donde se habla en quechua, y la chacra comunitaria de citrus, paltas y mangos, carpida y regada por hombres y mujeres.

Así levantaron los kollas un tinglado para la escuela de Río Blanquito, dedicando cada familia la misma cantidad de horas de trabajo. "Acarrearon en forma manual ripio, arena, piedras, tierra. He visto a mujeres con el chico enquispado en un hombro y la bolsa de arena en el otro", cuenta la directora, Mercedes de Delgadillo.

Sigue admirando al pueblo adonde llegó como maestra hace 16 años. "Hay albañiles y carpinteros que se hicieron solitos, mirando. Y chicos de 8 años que saben cocinar y atender un parto. Les hacen un bien al enseñarles, saben sobrevivir". Les hace falta, cuando los mayores suben a la veranada o van al monte a juntar tomate silvestre, naranjas agrias o miel.

Pero la independencia tiene su contracara, a la hora en que el estrellerío infinito reemplaza a las velas y los faroles. "Ahora veo que los chicos de 12 años ya están picando verde, langosteando", comenta Primitiva Mamaní (49). Sabe de qué se queja: a los 32 años tenía cinco hijos, y ahora está criando dos nietos. "Debe ser que alguna charla hacerá falta", comenta.

De todos modos, se alegran de que, cuando piden una ambulancia al hospital de Orán, tarde "sólo" dos horas. Los caminos en medio de la selva se volvieron más transitables desde que Techint necesitó mejorarlos para construir el gasoducto.

Los kollas se resistieron poniendo primero el pecho y después su nombre, en recursos de amparo. Pero la Justicia entendió que la obra no dañaba el medio ambiente. Igualmente, la empresa prometió un resarcimiento económico y un secundario albergue con orientación agraria, que aún no se construyó. "Queremos que enseñen a los chicos a cultivar", reclama Primitiva.

Arenosos o encharcados, cruzados por arroyos con sonar de castañuelas o frenados por ríos que los aluviones convierten en volcanes, torturantes o menos malos, los caminos han visto alejarse a los hombres. "Después de una larga lucha territorial, se han agotado las fuentes de trabajo en la zona", interpreta Fidel Canabiri.

Monedas de dos caras, los caminos vieron llegar a los forasteros. "Es como que viene alguien y nos muestra algo encantado —piensa Fidel—. Yo lo comparo con cuando voy a pescar al pozo, tiro la carnada y vienen los peces. Y nos han hecho perder muchas de nuestras tradiciones. No sabíamos que ahí estaba el peligro




Bruno Arias y el Kolla Mercado- Kolla en la ciudad