Los Pilagás


Un poco de historia

La región del Chaco nuclea hoy a la mayor cantidad de etnias del país (7); ocupan las provincias de Santa Fe, Chaco, Formosa, Salta y Jujuy.

Son Tobas, Pilagás, Mocovíes, Matacos, Chorrotes, Chulupies y Chiriguanos-Chanés que en un número aproximado a los 90.000 subsisten con sus formas de vida originarias, manteniendo los patrones comunitarios y alternando con la realidad de los contextos regionales en los cuales se asientan.

Los Pilagás (en su idioma: pit´laxá) Junto a los abipones, los mocovíes y los tobas, fueron llamados frentones por los españoles y guaycurúes por los guaraníes por la costumbre de raparse la parte delantera de la cabeza. Nombres que se dieron a todos los indígenas que vivían desde el siglo XVI frente a lo que hoy es Asunción del Paraguay. Su lengua forma parte de la familia lingüística mataco-guaycurú.

Son originarios del Rió Pilcomayo y están dispuestos en 19 asentamientos en la Provincia de Formosa


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Comunidades Pilaga



En esta misma provincia hay comunidades tobas, ubicadas al este y al oeste de la comunidad pilagá y wichis hacia el noroeste y sudoeste.
El total de área cubierta por la comunidad pilagá es de 310 km2.
El tipo de comunidades es 5 periurbanas y 13 rurales.

Lengua


La lengua Pilagá pertenece a la familia de los guaycurús, al igual que la lengua toba, mocoví, caduceo, y las extintas abipón y payagna. La cantidad de hablantes se estima en alrededor de 6000[[file:/C:/Documents and Settings/Administrador/Mis documentos/Downloads/Pueblos originarios reveer (3).doc#_ftn1|[1]]].


Saberes y creencias



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Las ceremonias mortuorias, con sus danzas rituales marcadas con el ritmo de instrumentos milenarios, retumban noche tras noche.

Los antiguos shamanes pilagás y tobas son la memoria de una de las regiones más olvidadas de la Argentina. Allí las tribus preservan la sabiduría de una cultura que sobrevivió al conquistador y todavía se transmite a las nuevas generaciones.


Shamanes:

El "chamán" es una persona a quién se le atribuyen poderes para curar a los enfermos y comunicarse con el más allá. Su actividad está orientada a sanar, actuando en áreas de la realidad que en muchas ocasiones comparte con los médicos y los místicos; en términos generales, su tarea consiste en restaurar la salud, limpiar, purificar, reparar, mejorar las relaciones del individuo con su grupo y dar sentido a lo que ocurre; explicitándolo. Las artes son los objetos que componen lo que se puede denominar," equipo mágico", del Chaman. Cada maestro posee algunas que lo diferencian claramente de los demás. Entre los más importantes tenemos las varas de madera que forman parte indispensable del equipo y la clase de maderas que más se utilizan, son:"la chonta";"el hualtaconegro";"el chiquir huandure" y el "ajo jaspe".Estas varas son las que utiliza el "Chaman", en sus dramáticas ofrendas y ritos, para defenderse frente a los influjos y fuerzas negativas, tales cómo "los malos vientos","los malos aires", y "los hechizos".


Chonta:

La Chonta, es un árbol, variedad de la palma espinosa, cuya madera, fuerte y de color oscuro y jaspeado, se emplea para hacer bastones y otros objetos de adorno.

Hualtaco negro: Su madera es muy resistente al contacto con el suelo y es usado en la construcción de cercos que pueden resistir varias décadas. Para la construcción de viviendas su madera se usa como postes, vigas, astillas para las paredes y también se usan como leña. Su follaje es usado como forraje del ganado. En la medicina su resina es usada para frotaciones reumáticas, como repelente y anestésico para extraer dientes


Chacas


Amuletos de los tobas, wichis (matacos) y pilagas para ahuyentar los espíritus malignos, proteger a los cazadores, evitar la fatiga y las mordeduras de serpientes.
El amuleto consiste en un collar de plumas de avestruz con fibras de chaguar, semillas y piedras, y se usa atado sobre las pantorrillas o tobillos.


Payak

Especie de genio coordinador de los espíritus del Mal. cuenta Lázaro Flury que para los Tobas y Pilagás no existe la muerte natural, y que todos los decesos (a excepción de los que tienen lugar en luchas guerreras) son obra de los PAYAKS.
Este espíritu se deleita absorviendo la sangre de los enfermos, por si mismo o convocado por un hechicero. En este último caso el espíritu se ausenta del cuerpo del enfermo y se refugia en un árbol (especialmente el YUCHAN) hasta que el hechizo abandona el cuerpo.
"Cuando muere algún indio hechizado -que lo son casi todos- se le quema la ropa y se le entierra al estilo de los matacos, siendo por lo tanto muy común la sepultura aérea. Cada muerto -agrega Flury- reencarna en otro ser: tigre, perro, cabra, planta, etc. según haya sido su comportamiento en vida."[[file:/C:/Documents and Settings/Administrador/Mis documentos/Downloads/Pueblos originarios reveer (3).doc#_ftn2|[2]]]


Educación




Los pilagá son conscientes de que la intervención sobre la propia lengua es necesaria para frenar la perdida de su lengua materna las próximas generaciones.
Los esfuerzos están orientados a la estandarización lingüística y a la preparación de diferentes clases de materiales escritos, de alfabetización y de lectura.
Para ello los pilagá crearon un alfabeto que consta de 23 letras de las cuales 4 son vocales y 19 consonantes. Lo acordaron en 1996 ya que necesitaban un alfabeto como paso previo para elaborar materiales didácticos para la utilizar en las escuelas primarias de modalidad aborigen.
Posteriormente se va a dar comienzo a la preparación de una gramática pedagógica de la lengua pilagá, conocida como GPP (gramática pedagógica de la lengua pilagá), que propone promover reflexiones metalingüísticas para afianzar en los hablantes el conocimiento acerca de su propia lengua y para difundirlo entre los Pilagás y los miembros de otros pueblos originarios o no originarios en contacto con ellos. Establece la escritura de la lengua pilagá y su particular modo de conceptualizar, a partir del análisis gramatical. Contiene diversos textos bilingües con los cuales se aborda la historia, ciencias naturales y otros campos de conocimiento de este pueblo


Organización


Todas las comunidades están organizadas como asociaciones civiles con personería jurídica y en ella desarrollan además de las actividades propias de la caza y recolección, las de cestería, alfarería, tejido y aunque en menor proporción, ganadería y huerta familiar.
Existe un movimiento constante de familias de las comunidades rurales y las urbanas emparentadas.
Este traslado esta relacionado, entre otras cosas, con la búsqueda de trabajo temporario, venta de artesanías, atención sanitaria, realización de trámites administrativos y cobro de subsidios. Algunos ancianos y jefes de familia reciben pensiones y/o subsidios del Estado y un grupo pequeño son empleados estatales

Los Pilagás van a estar organizados bajo una federación que esta formada por los representantes con mandato de las comunidades Pilagás de la Provincia de Formosa.
La federación se formo en 1985 con varios representantes pilagá, quienes se reunían para tratar los problemas comunes que los afectaban. Para esto se agruparon en un espacio que se denomino Inter Comisión de Comunidades Pilagás.
Con esta organización participaron, junto con los pueblos tobas y wichis por la lucha de la Ley Provincial 426 del aborigen, y, así comenzaron a recuperar tierras.
En 1991 formaron parte de la Reforma Constitucional Provincial, y en 1994 de la Reforma de la Constitución Nacional. Además participaron en proyectos de desarrollo y reclamo conjunto ante las autoridades gubernamentales y entidades privadas.
En el 2000 deciden hacer de la Inter Comisión una organización mas fuerte que los represente y en mayo del 2003 se realiza una asamblea constitutiva y quedo conformada la nueva organización bajo la denominación de Federación Pilagá de la Provincia de Formosa.


http://www.endepa.org.ar/inicio/argentinaborigen/clarin/C%20la%20argentina%20aborigen7.html





La Masacre de Rincón Bomba
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La masacre de Rincón Bomba fue uno de los hechos más ocultos de la Historia Argentina, este genocidio ocurrió en 1947 (durante la presidencia de Juan Domingo Perón), en Formosa.
El 1 de abril de 2005, los abogados Julio Cesar García y Carlos Alberto Díaz presentaron una denuncia contra el Estado Nacional por haber cometido crímenes terribles contra el pueblo pilagá. Y piden que se le pague a este pueblo una indemnización por “daños y perjuicios, lucro cesante, daño emergente, daño moral y determinación de la verdad histórica”. El pedido fue presentado en el juzgado Federal de Formosa.
La Cámara Federal de Resistencia, Chaco, con competencia en grado de apelación de la Justicia Federal Formoseña, rechazó los recursos del Estado Nacional, que se negó a contribuir con las investigaciones forenses que dieron como resultado el descubrimiento de dos tumbas comunes con decenas de cadáveres, estando en espera, por la falta de fondos, las excavaciones de otras tres hasta ahora localizadas.





Un pueblo sin tierra


Para conocer lo que había sucedido en aquella terrible masacre los dos abogados tuvieron que investigar durante cinco años. Hoy, gracias a sus estudios, se puede conocer un poco más la verdad de los hechos de aquel verdadero calvario del pueblo Pilagá.

Corría el mes de marzo de 1947. Miles de hombres, mujeres y niños caminaban desde Las Lomitas, en Formosa, hasta Tartagal, en Salta. Rostros curtidos, manos callosas, silencios. Eran braceros pilagás, tobas y wichís. Les habían prometido trabajo en el ingenio San Martín, en El Tabacal. Les iban a pagar 6 pesos por día. Eso sí, había que caminar unos cientos de kilómetros... ¡Pero ellos ya habían caminado tanto en su historia! Tantas veces los habían corrido, echado, ultrajado...

En abril llegaron a El Tabacal, cerca de Tartagal. Se instalaron con sus pobres cositas y empezaron a trabajar en la caña de azúcar. Pero cuando fueron a cobrar les quisieron pagar 2,50 pesos por día. Inmediatamente, los caciques protestaron. Y recurrieron a las autoridades de El Tabacal. Pero nadie los escuchó ni les hizo justicia.
Y pocos días después, el ingenio los echó sin ninguna consideración.
Eran miles de indígenas con niños y ancianos, sin dinero en una tierra extraña.
El pueblo de El Tabacal acudió a ofrecerles algunos alimentos y ropa. Y con esa ayuda, los indígenas decidieron volver a Las Lomitas. Otra vez recorrieron esos cientos de kilómetros a pie.


El calvario indígena


Llegaron a Las Lomitas unos 7000 a 8000 indígenas. Y se instalaron en un descampado llamado Rincón Bomba, cercano al pueblo. Estaban agotados, hambrientos y enfermos. Las mamás aborígenes se largaron a las calles de Las Lomitas y de los parajes vecinos para pedir un poco de pan.

Por su parte, los pilagá decidieron formar una delegación para ir a pedir ayuda. Al frente se pusieron tres caciques pilagá: Nola Lagadick, Paulo Navarro (Pablito) y Luciano Córdoba. Hablaron con la comision de Fomento y también con el el comandante del Escuadrón 18 de Gendarmería Nacional, comandante Emilio Fernández Castellanos.

El comandante los ayudó y consiguió la colaboración de los comerciantes y ganaderos. Por su parte, el Presidente de la Comisión de Fomento se comunicó con el Gobernador de Formosa: Rolando de Hertelendy. El gobernador habló con el Gobierno Nacional. Al enterarse, el presidente Juan Domingo Perón mandó inmediatamente tres vagones llenos de alimentos, ropas y medicinas. Y dispuso planes de desarrollo social.
Los tres vagones llegaron a la ciudad de Formosa a mediados de septiembre. Pero el delegado de la Dirección Nacional del Aborigen, Miguel Ortíz, dejó los vagones abandonados en la estación, sólo salieron diez días después porque el gobernador formoseño se enteró y ordenó que partieran inmediatamente.
Los tres vagones llegaron a Las Lomitas a principios de octubre. Pero sólo uno estaba lleno, en los otros dos apenas quedaba la mitad de la carga. Y los alimentos estaban en mal estado. Pero aun así los repartieron en el campamento indígena.

Pero al día siguiente, muchos indígenas amanecieron con fuertes dolores intestinales, vómitos, diarreas, desmayos, temblores. Cincuenta personas murieron. En su mayoría fueron niños y ancianos.
Los primeros fallecidos fueron enterrados en el cementerio de Las Lomitas. Pero a los demás les cerraron las puertas y tuvieron que ser llevados al monte.
Pensando que los quisieron envenenar, los pilagás fueron varias veces a reclamar.

Por su parte, el comandante de Gendarmería le pidió explicaciones al Delegado Nacional del Aborigen. Pero Ortíz le contestó: "pero que tanto se preocupa si al final son indios..." La respuesta de Fernández Castellanos fue una cachetada que lo tiró contra la puerta de su despacho.


La masacre


A lo largo de aquellos cinco meses el Presidente de la Comisión de Fomento de Las Lomitas fue a hablar varias veces con el comandante. Le decía que el pueblo tenía miedo que los hambrientos pilagás los atacaran... Después de la muerte de los indígenas, este rumor se hizo tan fuerte que la Gendarmería decidió rodear el campamento aborigen con cien gendarmes armados y se prohibió a los Pilagás entrar al pueblo.

Frente a tanta agresión y a tanto abandono, el cacique pilagá Pablito pidió hablar con el comandante. Era el 10 de octubre. El oficial aceptó encontrarse a campo abierto en el atardecer. Cuando llegó el momento, el cacique Pablito avanzó. Y lo siguieron más de mil mujeres, niños, hombres y ancianos pilagá con grandes retratos de Perón y Evita. Enfrente, los cien gendarmes los apuntaban con sus armas.
En ese momento se escucharon disparos de ametralladoras que salían del monte.
Eran de un grupo de gendarmes ubicados allí en secreto por orden del segundo comandante del Escuadrón, Aliaga Pueyrredon. Este oficial estaba en total desacuerdo con el comandante Castellano. Para él no había que hablar con los aborígenes.

Además del tiroteo, lanzaron bengalas para iluminar el lugar, y poder apuntar mejor sobre los indígenas. Cientos de pilagás cayeron bajo las ráfagas de ametralladora.
Otros lograron escaparse hacia el monte, pero la gendarmería se lanzó a perseguirlos "para que no queden testigos" de la matanza.

En los días siguientes, los pilagás fueron rodeados y fusilados en Campo del Cielo, en Pozo del Tigre y en otros lugares. Luego los gendarmes apilaron y quemaron sus cadáveres. Según los abogados Díaz y García, fueron asesinados entre 400 y 500 pilagás. A esto hay que sumarle los heridos, los más de 200 desaparecidos, los niños no encontrados y los 50 intoxicados.

Hay que rescatar un hecho. En medio de esta masacre, estuvo la mano tendida de un colono blanco, Nicolás Curesti. Él salvó la vida de gran cantidad de pilagás que iban a ser fusilados en Campo del Cielo.

Los diarios de aquel tiempo dieron informaciones muy confusas sobre lo que había sucedido, y a nivel del Gobierno se trató de ocultar todo. Pero la verdad no puede taparse. Aun quedan ancianos pilagás que vivieron la Masacre de La Bomba y están dispuestos a dar su testimonio para que se conozca la verdad. Poco a poco las sombras empiezan a correrse y comienza a salir el sol.





Actualidad

En la actualidad hay un fuerte resurgir de su acervo cultural.
Hablan su lengua, semejante a la de los Tobas, es de tradición oral, por ello que existe esta marcada preocupación de muchos años por mantenerla.
La presión social para que se hable sólo el castellano, es fuerte y abierta. Concientes de esta situación, los Pilagás aceptan el castellano como segunda lengua, al mismo tiempo que quieren mantener su lengua como único medio de comunicación al interior de la etnia y como lengua de alfabetización durante la escolarización primaria.
Desde junio de 1997, con el aporte de especialistas, está en marcha un proyecto lingüístico para que la lengua indígena tenga su forma escrita. Este proyecto tiene dos grandes objetivos, por un lado la producción de un diccionario pilagá-castellano y la producción de textos (canciones, poesías, conversaciones, cuentos, etc.); y por otro lado, la capacitación de auxiliares docentes o líderes del pueblo Pilagá que quieran comprometerse con el tema educativo.
Actualmente algunos pueblos, como el Pilagá, se están organizando para cuidar la salud de sus comunidades. Tienen agentes sanitarios, aborígenes bilingües, con conocimientos básicos de medicina occidental, que median como intérpretes entre enfermo aborigen y médico. Hacen visitas domiciliarias, dan consejos de sanidad, alimentación, higiene y realizan prácticas básicas de asistencia sanitaria. También se hacen encuentros de intercambio y capacitación de parteras tradicionales rescatando sus antiguos métodos naturales.



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Comunidad Pilagá La Esperanza, en el Bañado La Estrella



http://www.laurdimbre.com.ar/derechoshumanos/dh-0045.php




Entrevista a Alberto Navarrete.


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Diecisiete familias en condiciones precarias viven en el campamento, bajo la autoridad de este hombre, el más anciano de la comunidad.
El cacique habita en el kilómetro 14 de la ruta provincial Nº 28 de Formosa, en cercanías a la ciudad de Las Lomitas, que dista a unos 300 kilómetros de la Capital. Tiene 71 años asumidos aunque los integrantes de esa comunidad saben que su edad ronda los 80, por la edad aproximada que tenía cuando presenció la matanza.
El hombre habla en un castellano cerrado y al mismo tiempo emplea términos de su lengua nativa durante el transcurso de la conversación. Sin embargo, no es difícil comprender el sentido general de sus ideas.

-¿Qué pasó aquel día de la matanza?
-Yo me estoy acordando del ´47. Gente amontonada en madrejón. Gendarmería disparó. Nosotros pudimos correr al monte. Yo visto eso. Yo declaré eso. Era 6 de la tarde. No teníamos armas nosotros. Correr nomás. Ellos tenían ametralladoras.
-¿Usted recuerda haber visto a gendarmes dispararles?
-Yo escuché ametralladoras. Al monte nosotros en plena noche. No sabemos que pasó con todos, con las tolderías...Antes ya habían muerto envenenados. Yo visto eso. Nos fuimos a Campo del Cielo (un poblado a 35 Km. de Lomitas). Muchos visto tirados, no se si los enterraron. Nosotros queremos saber.

-¿Sienten que el Estado Nacional intentó deshacerse de ustedes?
-Nos trataron muy mal. Gendarmería nos corrió de madrugada. (Vale aquí una aclaración: Navarrete, como muchos de los otros aborígenes, diferencia la administración de Perón de la fuerza desplegada por Gendarmería para reprimirlos y salva la figura del ex presidente, asegurando que desde Nación no hubo orden de disparar). Dormimos en el monte. En Campo del Cielo Nicolás Curestes nos ayudó. Estaba en defensa de nosotros y nosotros ponerlo cacique.
En días posteriores, la matanza continuó. Testimonios aseguran que los disparos volvieron a oírse tanto en Campo del Cielo (a unos 30 km de Lomitas) como en Pozo del Tigre (distante a unos 35). Unos 200 indios más murieron en los alrededores. Y una cifra similar se salvó gracias a Nicolás Curestes, un hombre de la zona que refugió a los aborígenes y protegió a muchos.
Tal fue el respeto ganado por el criollo, que el hombre fue nombrado cacique honorario por los integrantes de esa comunidad. Cuentan en Lomitas, que al fallecer años atrás su cajón fue cargado al cementerio por los aborígenes mismos.

-¿Porqué los mataron?
-No sabemos.

-¿Porqué ahora deciden investigar, habiendo pasado tanto tiempo?-
-Queremos conocer que pasó con ellos. La verdad.