Fundamentación.

Somos estudiantes de 4º año del Profesorado de Historia del ISP Nº 5, Perito Francisco Moreno Anexo Carcarañá. Trabajamos en la realización de un atlas histórico digital, en el mismo proponemos esbozar el devenir histórico de algunos de los pueblos originarios de la actual República Argentina.

Mucho se ha dicho y escrito sobre este tema, pero pese a los constantes esfuerzos por parte de especialistas, y de los representantes de los distintos pueblos originarios, subsiste hoy en la sociedad, la idea de que estos pertenecen a un tipo de sociedad que, pese a los esfuerzos de la democracia y de los intentos de integración, este proceso no se finalizó. Hay personas que creen, aunque lo disimulan, que los habitantes de estas comunidades no son personas. Las mayores dificultades las ponemos nosotros y no ellos. Y una de esas dificultades es nuestra postura etnocéntrica y monocultural. El etnocentrismo es el enemigo mortal de toda acción educadora, cuando pensamos que nuestra cultura es la única referencia valida, que todo lo demás debe estar subordinado a nuestra forma de ser, de actuar y pensar.

En Argentina se han implementado sucesivos planes y programas de integración que, según las épocas se llamaron reducciones, reservas, colonias o misiones, y cuyo objetivo principal era la "radicación" de los pueblos originarios a la tierra como campesinos o peones rurales. Pero estas políticas de “igualar” la diferencia fracasaron, así lo demuestra su resurgimiento de problemas de hambre de exclusión que provoca a su vez, el fortalecimiento de formas organizativas propias y su accionar como actores políticos tanto en el orden interno como en el plano internacional.

Nosotros hemos realizado este atlas histórico que presenta una síntesis de la evolución histórica de estos pueblos que tienen como protagonista a diez civilizaciones en sus dimensiones políticas, económicas, sociales y culturales.

Estas civilizaciones fueron adquiriendo forma en un largo proceso y nuestro principal deseo al realizar este trabajo fue ordenar y sistematizar la información, así como explicar el modo en que se fueron organizando en su vida economica y social, con el objetivo de proporcionar una solución práctica a los interrogantes de numerosas personas interesadas en la historia de dichas culturas.

En este plano hemos pensado el atlas como un instrumento didáctico que sirve para enseñar, enseñar es transmitir, ya que transmitir es dar, pero dar con una condición, la condición de dejar a otro la posibilidad de que haga con esto lo que quiera.
Nosotros creemos que no todos aprenden del mismo modo y al mismo tiempo y como profesores nos pensamos como pasadores de cultura, por eso debemos entender la transmisión como aquello que da cuenta del pasado, para entender el presente y pensar en un futuro.

El texto articula la información y los mapas permiten consultar los cambios espaciales y temporales, así como complementan al texto mismo. Los gráficos ayudan a visualizar los datos cuantitativos y los esquemas ordenan, sintetizan y convierten en imagen ciertas cuestiones que entre las palabras se perderían.
Aunque el propósito es presentar de manera clara y concisa el largo proceso de conformación de los pueblos originarios de la Argentina, intentamos recuperar a los hombres y mujeres que producían, creaban, organizaban, dirigían y eran dirigidos, así como sus manifestaciones culturales.

Los lectores pueden acudir a este atlas con una activa participación para aprovechar mejor su contenido, por medio del debate, la critica, la reflexión, la empatía, el diálogo, para comprender e interpretar los hechos no superficialmente, sino, como proceso que llevan al cambio del hecho en si, logrando una toma de postura sobre los mismos.

La investigación fue realizada sobre la base de una abundante bibliografía. Tomamos como aspecto central del trabajo la relación que han tenido esos pueblos con el Estado argentino, considerando las reflexiones de Oscar Oslak acerca de cómo se llevo a cabo la mencionada formación, la cual es un aspecto constitutivo del proceso de construcción social, que incluye, el desarrollo de las fuerzas productivas, los recursos naturales disponibles, el tipo de relaciones de producción o la estructura de clases resultantes, y la capacidad de crear una identidad colectiva mediante símbolos que refuerzan sentimientos de pertenencia y solidaridad social, es decir la ideología como mecanismo de control. Una medida fundamental para completar la formación del Estado-Nación fue la “Campaña del Desierto”.

Los pueblos originarios fueron incorporados en masa al Estado Argentino como pueblos sometidos y ocupantes precarios en sus propios territorios. Fueron obligados a adoptar una religión y un estilo de vida que no le eran propios.
Por efecto de procesos regionales de migraciones forzosas un importante porcentaje de sus miembros viven en áreas urbanas y suburbanas donde es usual que deban ocultar su identidad para evitar el maltrato y la discriminación.
A la fecha, la sociedad argentina en su gran mayoría ha hecho todo lo posible por ignorar el aporte a su identidad que proviene de la “América Profunda”[[file:/C:/Documents and Settings/Usuario/Mis documentos/Downloads/Fundamentacin de seminario (2).doc#_ftn1|[1]]] aunque adoptó indistintamente usos y símbolos propios de dichas culturas, tales como las “guardas” o usanzas que se han sincretizados con la “cultura gaucha” que sustenta gran parte del folclore del país. Lejos de mirar al otro lado, la imagen externa proyectada de Argentina la representa un Buenos Aires y su cultura porteña que sigue mirando hacia Europa.

Los pueblos originarios no sólo reivindican la ocupación contínua de tierras ancestrales o al menos de parte de ellas, sino también la calidad del vínculo que los une. Las tierras, el hábitat, el paisaje, el territorio, son la condición indispensable para el mantenimiento de su identidad como pueblo hoy.
Ser persona humana supone reconocer al otro. No como carente, excluido o marginado en primer lugar. Sino simplemente como otro.
No hay proceso de liberación si desconocemos que cada pueblo y cada cultura tiene sus códigos, sus mitos y conceptos muy presentes, sus normas de vida, su idioma donde prevalece toda su cultura, su concepción de la economía, la política del derecho, su belleza, su canto y su arte.
Reconocer al otro es entrar cuerpo y alma en el otro, sabiendo que a partir de ese momento se inicia la gran aventura del dialogo, de la interculturalidad, donde uno se nutre y se alegra de descubrirse mutuamente en la transparencia de la vida. En esta manera de estar uno descubre su identidad propia, su alma con su belleza y con su mal, y hace que el otro sea mas otro y que uno sea mas uno, como los distintos hilos de la yica, que son diferentes, pero relacionados, crean belleza y utilidad.




[[file:
/C:/Documents and Settings/Usuario/Mis documentos/Downloads/Fundamentacin de seminario (2).doc#_ftnref1|[1]]] Rodolfo Kusch, América Profunda, 1962